miércoles, 3 de noviembre de 2010

El rock gitano de Las Grecas

Cuando «Te estoy amando locamente» (Te estoy amando locamenti) llegó al número uno de las listas de éxitos, Carmela y Tina Muñoz, Las Grecas, sólo contaban con 19 y 16 años de edad. Allí estuvo instalado durante 5 semanas seguidas, un éxito arrollador que allanó el camino para que estas descaradas gitanas del barrio de Carabanchel publicasen su primer largo, sagazmente titulado Gipsy Rock (1977).


«Te estoy amando locamente», hit atemporal, drama barriobajero de escendencia calorra.

Cuando el productor José Luis de Carlos reparó en ellas, cantaban en el tablao de Lola Flores, quien a su vez las descubrió en el de Manolo Caracol. Tras infructuosos experimentos con músicos de estudio de flamenco, de Carlos decidió confeccionar una banda de hard rock (o rock duro, como se decía entonces) para acompañar a las salerosas hermanas. El experimento salió mejor de lo que nadie hubiese pensado, y la fusión entre flamenco y rock se convierte en un hecho, adelantándose a Triana (El patio no salió hasta 1975), al primer disco de los inefables Veneno (1977) o al inmortal La leyenda del tiempo (1979) de Camarón, quien, por cierto, era fan confeso de las hermanas Muñoz.

Más allá de lo insólito de la mezcla, es el desparpajo y la frescura de Las Grecas, cantando sobre amores imposibles, pequeñas tragedias amorosas amplificadas por la fogosidad de la (post)adolescencia, lo que hace que el disco se convierta en un éxito inmediato. Aún hoy, es imposible no contagiarse de su energía juvenil, por mucho que hayamos dejado esa época largo tiempo atrás. Como suele decirse,  juventud, divino tesoro.


«No nanay», nuevo melodrama de amoríos imposibles, con letra cortesía de Jeros.

Si las Grecas se lucen al cante, la banda no se queda atrás y, desde las sombras, ejecutan con pericia un rock realmente duro, con la larga e inevitable sombra de Smash presente, sí, pero también con palpables influencias de Jimi Hendrix y Deep Purple. Un rock que destila ese soniquete tan propio de los discos de hard rock de la época, y como muestra ahí están los ejemplos tan cercanos de Errobi, Mortimer, Almen TNT o la mismísima Banda Trapera del Río. Aderezado, además, con aromas de funk, psicodelia y freakbeat (que desarrollarían con todo su esplendor en su tercer larga duración), si sumamos los arreglos zíngaros y las percusiones podemos elevar este álbum, sin que resulte una boutade, a la categoría de crossover —cañí— antes del crossover.


«Orgullo», authentical gipsy freakbeat, otra vez con letra de Jeros.

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